Snow Crash

Poco, o muy poco de la Literatura Ciberpunk parece ciencia ficción. En todo caso, tecnología más que ciencia pero la ficción aquí es partícula y onda, es y no es…

En todo caso, hay una línea divisoria en cuanto al tratamiento de la realidad, y su visión y uso de la ciencia/tecnología.

En general, de una forma escueta —y simplista—, con la CF global te colocas en un futuro —o pasado— inalcanzable; o, más refinadamente, recorres una línea de tiempo que suele tocar el presente como referencia o de pasada. También hay abundancia de mundos paralelos y relativistas, y lejanías físicas de vértigo. En sus tramas hay un mayor maniqueísmo, más epopeyas, etc…

En absoluto desprecio la ciencia ficción tradicional, que ha llenado una buena parte de las lecturas de mi vida y me daban refugio en un metaverso mental formidable.

Es solo que hay más diferencia entre la novela más remota de este tipo que conozca —Neuromante, 1984 según la edición impresa de Minotauro que tengo a mano— y muchísimas obras de CF actuales, que entre estas y las obras de Julio Verne y H. G. Wells.


En el mundo real —planeta Tierra, Realidad— hay entre seis y diez mil millones de habitantes. En cualquier momento que se tome, la mayoría de ellos está fabricando ladrillos de barro o desmontando y limpiando sus AK-47. Quizá mil millones de personas tengan dinero suficiente para poseer un ordenador; esa gente tiene más dinero que todos los demás juntos. De esos mil millones de usuarios potenciales del ordenador, puede que una cuarta parte se moleste realmente en tener uno, y a su vez, una cuarta parte de estos últimos tendrán un ordenador que sea lo bastante potente para manejar los protocolos de la Calle. Eso hace unos sesenta millones de personas que pueden estar en la Calle en un momento dado. Si sumamos otros sesenta millones o así que en realidad no pueden permitírselo, pero que se conectan de todas formas, bien sea a través de ordenadores públicos, o bien pertenecientes a sus centros de estudio o a sus empresas, tenemos que, a cualquier hora del día, la Calle está ocupada por el doble de la población que tiene la ciudad de Nueva York.

Snow Crash es un buen ejemplo de que lo que te cuentan, donde quiera que se situe en la línea temporal o relativa, te sugiere tu propio presente amplificado, un futuro que puedes ver, oír y oler porque ya lo estás viviendo en forma alguna de una manera inmediata muy —no pocas veces dolorosamente— real. El bono extra de Neal Stephenson, constante en todas sus novelas que conozco, es que sus historias resultan bien divertidas. Hasta te relata, en una especie de ciencia recreativa, el funcionamiento de la computadora de Hiro o, una de mis favoritas, del Criptonomicón:


Sesenta u ochenta veces por segundo, el sistema de vídeo dice ¡mierda!, es hora de refrescar la pantalla


En Snow Crash se plasma de forma muy real el desigual ascenso evolutivo del género humano. Mentes globales, tribales y  medievales. Cyborgs más bien peligrosos o tendentes a la calma, con implantes de los que aún no hay disponibilidad al público…

El apartamento de Hiro y Vitaly es el resultado de las especulaciones de empresas mafiosas. Ya a principios del siglo XXI la ministra de vivienda de la entonces España presentó su modelo solución final que pareció mosquear un tanto a la población. Hubo que recurrir a métodos más drásticos (:-#

La divertida historia de la fusión del CCI y la Biblioteca del congreso viene a contar algo sobre la fagocitación de la cultura por los gobiernos —a las corporaciones les toca dos páginas más allá—.

Una persistente mensaje en este género son las referencias a lo que hasta ahora ha sido una constante histórica y un aviso: la capacidad de absorción y asimilación por el poder de cualquier cosa que represente una amenaza, desafío u obstáculo para este. Es casi una constante asumida en estas obras que el poder ya ha digerido las formas organizativas y de lucha de la sociedad-red y practica un swarming bien coordinado y permanente contra la sociedad civil.

Quince años atrás, cuando Hiro empezó, un hacker podía sentarse y escribir él solo un programa. Ahora eso ya no es posible. El software se produce en fábricas y los hackers son, en mayor o menor medida, trabajadores de una cadena de montaje. O, lo que es aún peor, pueden acabar transformándose en directivos y no escribir ni una línea más de código en toda su vida.

Futurista del ahora-para-dentro-de-nada hasta en el sentido inflaccionario:

—¿Sabes qué? —ofrece el segundo—. Nos pagas un billón de pavos y te llevamos a una Jaula. Una vez allí puedes negociar con ellos.
—Medio billón —dice T.A.
—Setecientos cincuenta mil millones —concluye el metapoli—. Es la última oferta. Joder, llevas esposas; ni siquiera deberías estar regateando.

Algunos enlaces sobre SnowCrash:

El Archivo de Nessus
ciencia-ficcion.com
cYbErDaRk
el planeta

Como resultado de la visita a los enlaces de arriba y según el contenido de algunos de estos, me entero de que está novela está considerada como de culto, y que en ella se usan por primera vez términos como metaverso y avatar —referido a las redes sociales—.


One Response to “Snow Crash”  

  1. 1 gomenda.net


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